Cese de alerta – Historiadoes de Oxford y IV – Connie Willis

Lectura número 41 terminada el 7 de abril de 2019.

El libro está muy bien como novela en términos absolutos, pero resulta demasiado flojo en algunos aspectos y demasiado denso en otros. Aparte está el hecho de que repite fórmula con Por no mencionar al perro, idéntica en lo esencial, por lo que el lector medianamente avispado se da cuenta de cuál es el final, excepto quizás la última vuelta de tuerca.

Luego está la técnica literaria, que personalmente me ha sacado de quicio muchas veces. Os pongo dos ejemplos (ojo, spoilers, aunque solo parciales):

Polly va a visitar una iglesia para verificar si existe uno de los portales de viajes anteriores, iglesia que creo que es la del Tocón de la novela anterior en la serie, para lo cual le pregunta a la Eileen si la iglesia fue atacada. Ella le dice que no. Cuando llega descubre aterrada que el día anterior había caído una bomba, destruyendo partes internas de la misma, por lo que se asusta un montón y piensa que han modificado la historia.

Pero sin embargo, cuando se reúne con Eileen, esta le cuenta que sí, que una bomba caída el tal había destruido el altar y no sé qué más. La diferencia entre las dos conversaciones estriba en que Eileen interpretó la primera vez si la iglesia había sido destruida.

Y justo al contrario. En el apagón una de las que están haciendo de conductoras de ambulancias, malinterpreta el sonido de una V-1 y arroja al suelo a su amiga, que no es viajera en el tiempo y le hace daño en la rodilla, por lo que al día siguiente tiene que sustituirla de chófer para llevar a un militar, y encima en una zona y horas en las que cayeron varias bombas.

Como es de rigor, la mujer rodea todos los eventos y días después el militar se presenta en el retén y le agradece dos cosas: la primera que le salvara la vida porque si hubieran seguido el trayecto habitual, habrían muerto los dos, y la segunda que gracias a la conversación que tuvieron, se le ocurrió una forma de desviar las V-1, que era el motivo por el cual lo había tenido que llevar a Londres a una reunión.

En el texto ella conoce que fue justo en ese momento cuando se encontró la forma de desviar las bombas, pero aun así se pone completamente histérica con el temor de haber modificado la historia, lo que es completamente absurdo pues las cosas han ocurrido en el momento adecuado. Quizás fue ella la que ayudó a ganar la guerra, y tenía que estar en ese momento y de esa forma para hacerlo, y todos los desplazamientos temporales vienen por ese motivo.

Aparte de todo eso, en todo el libro se machaca una y otra vez el hecho de que los viajeros temporales no pueden alterar el continuo espacio-temporal, pero continuamente se están preocupando que pudieran haberlo hecho, una y otra vez, de forma más que machacona.

Y del libro anterior, Por no mencionar al perro, se ha dejado claro que si un historiador interviene en algún momento y modifica algo, se debe a que dicha intervención es más que necesaria para salvar la línea histórica, cosa que los personajes de esta historia desconocen y deberían estar al tanto porque uno de los personajes es el señor Dunworhty.

Por lo tanto, como he dicho arriba, si has leído el anterior (me refiero a Por no mencionar al perro), conoces el final de este.

La verdad es que termina resultando cansino en exceso, sin contar lo dilatado de las peripecias que se cuentan.

También hay otra cosa que me saca de quicio, y son esos finales de capítulo estilo serial para que luego, diez capítulos después, se trate de un malentendido o simplemente lo que ha ocurrido no sea exactamente como se describió en el capítulo anterior. Es muy de novato repetir hasta la saciedad esa fórmula.

Aquí tenéis otra visión de la novela.

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