El castillo – Franz Kafka

Lectura número 25 terminada el 16 de febrero de 2019.

Siento decir que Kafka es otro de esos autores sobrevalorados. Si bien la prosa es un poco diferente a lo habitual, el desarrollo de sus novelas dejan mucho, pero mucho que desear, y El castillo quizás sea una de las que más, con continuos errores y despistes argumentales, y eso sin contar con las variantes de muchas escenas.

Ya sé que las tres obras que he citado aquí están, en cierta medida, inacabadas, y que la voluntad del autor fue su destrucción, pero aun así creo que no merecen tanta fama.

Y es que en esta novela no encontramos ante la misma absurdidad presentes en las dos anteriores. El problema no es que la obra sea absurda, el problema es que esa calidad de absurdo se produce muchas veces gracias a las incongruencias de la narración.

Las conversaciones son absurdas en grado sumo. Incluso para una novela, ejem, kafkiana. Los personajes primero dicen una cosa y luego otra, y si bien es fiel reflejo de las conversaciones normales, en la novela llegan a un punto absurdo. No sé si esa es una de las cualidades que hacen famoso a Kafka, pero si lo son, lo son porque deben de haber sido las primeras.

Otro de los absurdos, y esto creo que sí está bien conseguido, es la forma en la que se presentan los problemas a K (el personaje principal) y la frustración para resolverlos. De verdad, leer a K (y a los de las novelas anteriores) y los impedimentos para resolverlos me ha supuesto una gran frustración.

No hay otra palabra más que la comentada. Vas leyendo y en tu cabeza se va formando la idea de que no puede ser más absurdo ni más frustrantes los contratiempos y las respuestas de los demás.

Frente a eso está el tema de los errores de argumento. Por ejemplo, K es al principio de todo casado y con hijos, pero en el momento en que conoce a la camarera con la que se lía, deja de serlo. También espera a unos ayudantes que ha mandado por otro camino más lento (el que se adelanta es él mismo), pero cuando los citados ayudantes llegan, se produce una de las conversaciones más kafkianas de toda la novela.

¿Es realmente K tan tonto? ¿Lo ha hecho el autor a propósito o, más bien, ¿cuáles son los propósitos de esa conversación tan absurda?? Supongo que serán las cosas que han encumbrado a Kafka, porque realmente, y de momento, no veo otras.

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