Lectura: Gusanos de Arena de Dune (Dune y VIII)

Termina la saga “original” de Dune, supuestamente en base a unos papeles encontrados por el hijo de Frank Herbert. Atención spoiles.

Centrándonos en las dos últimas novelas originales, queda claro para cualquiera con dos dedos de frente que la espantada de la dispersion viene causada por un encontronazo de sopetón con las máquinas inteligentes, que consiguieron huir antes de que fueran completamente aniquiladas durante la Yihad Butleriana. Además, el propio Brian Herbert así lo deja colgando en la trilogía que describe esos eventos.

Podríamos decir que el hijo se encuentra -o intuye- que el final de la serie de Dune podría andar por esos términos, lo que de da opción a la trilogía de la Yihad, dejando el fleco suelto que luego recogerá en el séptimo volumen y que finalizará en este octavo.

Ahora bien, si en el anterior asistimos a algunas carencias en la trama -infantilismos lo llamo yo-, en esta todavía abundan más. Evidentemente no estamos ante el Frank original ni de lejos, pero hay muchas escenas que pecan muy mucho de simplistas y poco elaboradas.

Dicho esto, como novela de aventuras y poco más, y como todas las que ha escrito el hijo (a solas o en colaboración) dentro del universo de Dune, se dejan leer bastante bien y resultan bastante más entretenidas que los dos últimos muermos de Frank Herbert. Hablo, claro está, de Herejes de Dune y Casa Capitular: Dune.